Wijk aan Zee vuelve a ser un laboratorio cruel: un lugar donde las rachas se rompen, las narrativas se invierten y los nombres más pesados del tablero descubren que, en un round-robin largo, no hay blindaje posible. En la novena ronda del Tata Steel Chess Masters 2026, el gran golpe del día lo firmó Matthias Bluebaum, que derrotó con negras al campeón del mundo Gukesh Dommaraju. La frase que dejó después —“Pensé que nunca volvería a ganar una partida de ajedrez”— no fue un gesto teatral, sino el retrato de lo que significa sobrevivir mentalmente a un torneo de esta densidad.
Os dejo la partida aquí abajo, llena de cálculo y posiciones complejas:
Un resultado con varias lecturas
La noticia tiene varias capas. Primero, el hecho desnudo: el campeón cae. En una élite donde cada medio punto cuesta sangre, perder con blancas o negras ante un rival directo ya es un golpe; hacerlo ante un jugador que venía necesitando oxígeno competitivo tiene, además, un componente psicológico innegable.
La segunda lectura apunta al propio torneo: el Masters no se decide solo por quién suma más victorias, sino por quién administra mejor los días malos sin que se conviertan en un derrumbe.
Bluebaum y el valor de volver a creer
Bluebaum no es un recién llegado al gran escenario, pero sí encarna ese perfil de gran maestro de oficio que, cuando entra en combustión, castiga con precisión. Su declaración remite a una fragilidad que incluso los profesionales sienten cuando la confianza se evapora: en ajedrez, una secuencia de malas decisiones no solo cuesta puntos; altera la percepción de las propias capacidades.

Ganarle al campeón, y además con negras, es el tipo de resultado que cambia el diálogo interno de un jugador en una sola tarde.
Gukesh y la tradición implacable de Wijk aan Zee
Para Gukesh, el tropiezo funciona como recordatorio de una realidad histórica: los campeones del mundo no dominan Wijk aan Zee por decreto. El Tata Steel —antiguo Hoogovens, luego Corus— es un torneo con tradición de primavera ajedrecística, un punto de encuentro donde se miden estilos sin red.
Aquí se han visto sufrimientos célebres de campeones y aspirantes, porque el formato obliga a jugar muchas partidas contra la misma élite, sin eliminatorias que permitan esconder un mal día. En una liga, la consistencia pesa tanto como el brillo.

Van Foreest golpea rápido ante Keymer
La ronda no fue solo la historia de Bluebaum. Otra pieza central la firmó el héroe local: Jorden van Foreest escaló posiciones tras demoler a Vincent Keymer en apenas 26 jugadas.
Van Foreest, campeón del Tata Steel en 2021, conoce como pocos el pulso del evento y su particular presión ambiental. Jugar en casa puede ser un lastre o un impulso. Cuando está inspirado, su ajedrez mezcla valentía y sentido práctico, con esa sensación —tan suya— de ver recursos donde otros solo perciben ruido.
Su paliza a Keymer lo devuelve a la conversación como actor real en la pelea, no solo como figura carismática del cuadro.
Erdogmus también aprieta por arriba
En paralelo, el torneo vio el avance de Erdogmus, el niño genio, que junto a Van Foreest asciende al segundo puesto tras la novena ronda. En un Masters tan exigente, alcanzar esas posiciones a estas alturas es más que una buena racha: es una declaración de solvencia.
El tramo medio de un round-robin suele separar el entusiasmo del rendimiento sostenible. Resistir ahí, con partidas diarias y preparación constante, exige un equilibrio delicado entre precisión y energía.
Un Tata Steel que se recalienta
Veremos qué sucede con las siguientes rondas pero, desde luego, nos encontramos en un momneto de tensión creciente: el campeón ya no puede navegar con piloto automático y los perseguidores encuentran motivos para creer. Estos giros son los que convierten al Tata Steel en un relato vivo: no basta ser elfavorito, hay que demostrarlo cada día ante un pelotón que no perdona.








