Gukesh se atasca en Praga: el campeón más joven del mundo atraviesa su primer gran bache
Gukesh Dommaraju, a sus 19 años el campeón del mundo más joven de la historia, está viviendo un arranque de 2026 muy lejos del aura de invencibilidad que suele acompañar a la corona. Tras un Tata Steel de Wijk aan Zee cerrado con un 50% de puntos, el indio ha encallado en el torneo de Praga: después de nueve rondas suma 2,5/9 y, lo más llamativo, sin una sola victoria.
En ajedrez, los números no mienten: un campeón del mundo puede empatar mucho y aun así “estar bien” si controla el tablero y evita riesgos innecesarios. Pero cuando el casillero de triunfos queda a cero en un torneo de esta exigencia, el diagnóstico ya no es de estilo, sino de forma competitiva. Praga, además, es uno de esos escenarios donde la élite llega a medir fuerzas sin red: aquí se castiga la mínima imprecisión, y la narrativa del “diente de tiburón” generacional se invierte con crueldad cuando el campeón empieza a hacer concesiones.
Praga 2026: Abdusattorov manda y el tablero del futuro se ordena
Mientras Gukesh lidia con su sequía, el torneo se ha movido en la dirección opuesta para Nodirbek Abdusattorov. El uzbeko lidera Praga con 5,5 puntos tras nueve rondas, seguido por Jorden van Foreest con 5 y David Navara con 4,5, prolongando una dinámica ganadora que ya venía marcada por sus resultados en el London Classic y en Wijk aan Zee. No parece tanto un liderato aislado como un patrón.
Abdusattorov forma parte de la nueva guardia que impone ritmo y encadena torneos con consistencia. Cuando un jugador enlaza actuaciones destacadas en distintos contextos —de Londres a Wijk aan Zee y ahora Praga— el mensaje para el resto es que su ajedrez no depende de un emparejamiento favorable o de un estado de gracia puntual, sino de una base sólida.
En ese contexto, el contraste con Gukesh duele más. Porque Praga no solo deja una clasificación: deja pistas sobre quién está convirtiendo el talento en regularidad. El campeón del mundo, por definición, vive bajo el foco de la comparación permanente. Y en 2026 esa comparación, al menos de momento, no la está ganando.
¿Qué significa “no ganar” en la cima? La presión invisible del campeón
Un torneo sin victorias para un jugador de la categoría de Gukesh suele explicarse por una suma de factores, más que por una causa única. En la élite, dos empates tempranos pueden empujar a “forzar” en posiciones que no lo admiten; una derrota puede llevar a recortar riesgos después; y el resto se convierte en una espiral de resultados tibios. El detalle relevante de su Praga es la combinación de la baja puntuación y la ausencia total de triunfos: no basta con decir “está empatando mucho”, porque no lo está compensando en ninguna dirección.

Hay otro elemento: la corona cambia la relación con el tablero. Al campeón le preparan líneas con más precisión, se le plantean posiciones incómodas y, sobre todo, se le “testea” en terrenos donde el rival se siente cómodo aunque el resultado sea un empate. En ajedrez moderno, donde la preparación de aperturas se apoya en análisis profundos, el campeón se convierte en el objetivo preferido de las mejores ideas… y de las más venenosas.
Aun así, Gukesh es muy joven, la adaptación al ciclo interminable de torneos, viajes y expectativas públicas es parte del aprendizaje. En la historia del ajedrez, incluso los campeones con perfiles más dominantes han tenido periodos de ajuste. Lo noticiable aquí es el timing: este bache llega temprano en su reinado, cuando el mundo aún está calibrando cuál será su “versión estable” como campeón.
La agenda que viene: Carlsen en mayo y la defensa de la corona en otoño
El calendario, además, no concede tregua. Gukesh confía en que el panorama cambie en mayo, cuando tiene previsto medirse con Magnus Carlsen en el Norway Chess de Oslo, una de las citas más duras del circuito por nivel de participantes y por la presión que imprime su formato competitivo. Ese duelo tiene un valor simbólico difícil de exagerar: Carlsen —referencia absoluta de la era moderna y rival que mide a cualquiera en todas las fases de la partida— es el termómetro más exigente para saber si el campeón está recuperando el pulso.

Y en otoño llegará el examen definitivo: la defensa del título mundial. Ahí, más que en cualquier torneo, se separa la forma pasajera de la fortaleza real. El match por la corona castiga los bajones con una crudeza particular: hay tiempo para preparar, para ajustar repertorios y para explotar pequeñas debilidades. Si Praga confirma un descenso de confianza, el desafío será reconstruirla con rapidez antes de entrar en el laboratorio del campeonato.
Señal de alerta, no sentencia: el campeón aún está a tiempo
Praga deja una imagen incómoda: el campeón del mundo en el fondo de la tabla tras nueve rondas, sin haber firmado un solo triunfo y con 2,5 puntos. Pero para entender la noticia en su justa medida conviene evitar el veredicto fácil. Un torneo malo no define una carrera, y menos en un jugador que todavía está construyendo su identidad competitiva al máximo nivel. Lo que sí define es el momento: el inicio de 2026 ha sido, para Gukesh, un recordatorio de que la cima no perdona.
La otra gran conclusión es que la generación que viene no espera turnos. Abdusattorov encabeza Praga con 5,5 puntos y prolonga una racha que lo coloca, de facto, entre los nombres que empujan el tablero histórico hacia adelante. En las próximas semanas, el mundo del ajedrez mirará menos los titulares y más las respuestas: cómo reacciona el campeón, cómo ajusta, y si en Oslo, frente a Carlsen, vuelve a aparecer el Gukesh que lo llevó a la corona.









