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En los últimos años la inteligencia artificial ha avanzado a pasos agigantados. Cada vez son más los adelantos que se hacen en este campo con el fin de conseguir que las máquinas sean capaces de lograr que nuestro día a día sea más sencillo y cómodo en el futuro. Curiosamente el ajedrez siempre ha sido clave en este tipo de investigaciones, pues al ser un juego complejo que requiere de una gran capacidad mental es el medio perfecto para comprobar hasta dónde puede llegar la inteligencia creada y modelada por los humanos. En este sentido seguro que todos recordaréis las históricas partidas de ajedrez en las que Gary Kaspárov se enfrentó a Deep Blue, la IA de IBM. Por aquel entonces el maestro del ajedrez consiguió imponerse a la máquina en su primer encuentro, algo que no sucedió en el segundo llevado a cabo en el año 1997 cuando Deep Blue se alzó con el triunfo.

Igual de sonada fue la derrota de tres de los mejores jugadores de póker del mundo a manos de la IA Libratus. En la competición, llevada a cabo a principios de este año en Estados Unidos, el software creado por Tuomas Sandholm y Noam Brown se alzó con un premio de 1,7 millones de dólares.

En ambos casos se recurrió a juegos en los que el poder mental juega, y nunca mejor dicho, un papel fundamental. Muchos suelen pensar que mientras el ajedrez se posiciona como un arte de las altas esferas, reservado para las mentes más eruditas, el póker es simplemente un juego para la plebe en el que la aleatoriedad de las cartas marca la arbitrariedad del resultado. Nada más lejos de la realidad. Ambas disciplinas, el ajedrez y el póker, guardan muchas más similitudes de las que en principio podríamos pensar que pueden tener. Para empezar, el origen de ambas disciplinas podría ser el mismo ya que en ambos casos se piensa que los juegos de los que derivan en forma de diferentes variantes tienen raíces persas. Por otra parte, grandes jugadores del mundo del ajedrez, como Magnus Carlsen, también lo son de póker, lo que no hace sino confirmar que ambas disciplinas tienen mucho más que su posible origen en común.

Fuente: Pexels

Una de las principales similitudes entre ambos juegos es sin duda que uno de los componentes más importantes es la estrategia. Tanto en el póker como en el ajedrez, el juego de cada mano y de cada movimiento es fruto de un cuidadoso análisis, y aunque a veces puede parecer que estas decisiones se toman a la ligera, lo cierto es que no es así. La falta de tiempo y la necesidad de optar por una u otra opción o posibilidad obligan a los jugadores a mantener la mente completamente centrada no solo en las jugadas actuales sino en todas las ya realizadas para así poder crear un patrón de lo que está por llegar. Pura estrategia. De hecho, esta afirmación no debería sorprendernos ya que en la Antigüedad se puede comprobar cómo la práctica de este tipo de disciplinas podía servir de ejemplo y ser extrapolada a diferentes ámbitos, siendo el militar el más concurrido. Sin ir más lejos, el emperador Napoleón Bonaparte era un gran apasionado de los juegos de cartas de los que extraía diferentes estrategias que luego ponía en práctica en el campo de batalla.

Si la estrategia es el pilar sobre el que se sustenta la base de ambos juegos, el control emocional por parte de los participantes no se queda atrás en importancia. Al tratarse de disciplinas que requieren de tanta concentración mental, el hecho de que el adversario sea capaz de leer en nuestro rostro, nuestra frustración o alegría ante una mano/movimiento puede poner en jaque precisamente toda la estrategia que estemos llevando a cabo. En el póker existe un término que define esta situación: Tilt. A grandes rasgos, un jugador suele caer en tilt tras una mala mano, lo que aumenta la agresividad en su juego y ciega su mente por completo. Caer en tilt, por tanto, significa que nuestras emociones han tomado el control en favor de nuestro cerebro lo que sin duda es algo claramente incompatible con el éxito. Por eso, tanto en el póker como en el ajedrez es de vital importancia mantener la calma, planear todos los movimientos y manos con antelación y no perder la concentración en el juego en ningún momento porque de ser así, más vale que nos retiremos.

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Más allá de los componentes psicológicos que ambos juegos comparten, la ejecución de una partida de ajedrez y una de póker también entraña ciertas similitudes. Así, el inicio de ambas partidas se caracteriza por ser simple, directo y en cierta medida algo predecible. Sin embargo, y a medida que se avanza en el juego, la tensión comienza a aumentar y cada acción que se lleve a cabo es clave para decidir al vencedor.

Quizás en esta similitud también radique su principal diferencia, y es que la tensión en el póker es mayor puesto que hay que tener en cuenta que, a diferencia del ajedrez, en esta disciplina se juega con dinero, lo que sin duda afecta al jugador. El hecho de apostar grandes sumas de dinero obliga a los buenos jugadores de póker a mantener la concentración y no perder los nervios en esta fase final del juego ya que no solo se trata de conseguir renombre, que también, sino de no perder lo apostado.

Con todo, ambas disciplinas son, como hemos visto, muy parecidas entre sí lo que sin duda ha sido un motivo de peso para que el póker haya sido reconocido como deporte mental por la Asociación Internacional de Deportes Mentales en 2011, un reconocimiento con el que el ajedrez ya contaba desde hacía años.

Formador y jugador de ajedrez en activo que encuentra analogías en la vida con el ajedrez cada día. He jugado algunas partidas buenas y bastantes malas. Sigo en continuo aprendizaje. Actualmente divulgo mis ideas en artículos aquí y en mi canal de Youtube.

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