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Aprende a fracasar.

Francisco Vallejo acaba de convertirse por tercera vez en campeón de España de ajedrez. Actualmente es el español que ostenta el ranking más alto dentro de la clasificación FIDE (Federación Internacional de Ajedrez) y, consecuentemente, es también el español mejor situado en el ranking mundial: en el puesto 38. Algo que para los que somos apasionados de este deporte sabemos que es una posición prácticamente inalcanzable.

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Recientemente leí una entrevista que le hacían en un medio digital y subrayaba de forma tajante, el drama que muchas veces supone para un jugador enfrentarse a la derrota. Con anterioridad he hablado de esto: el jugador de ajedrez no tiene compañeros, ni existe un árbitro al que echar las culpas. Él es el único responsable de lo que sucede en el tablero y tras 5 o 6 horas de juego, y de enorme tensión nerviosa un único error es suficiente para perder la partida. ¿Alguien puede imaginar un partido de fútbol, o de baloncesto en el que sólo por no ser capaz de controlar un regate del rival el partido finalice? Pues algo muy parecido es lo que supone en ajedrez.

He conocido jugadores que han decidido dejar de jugar por su incapacidad de enfrentarse a este tipo de derrota. Hasta llegar a controlarlo, yo mismo pasé semanas castigándome por los errores. Incluso a día de hoy puedo recordar intelectualmente errores de hace muchos años, y lo que es peor, recordar emocionalmente dichos momentos.

En el colegio o en la Universidad no existe una clase llamada “Clase de fracaso”. Probablemente todos hubiéramos necesitado esa clase, pero como he afirmado nunca llegó. El ajedrez nos ofrece algunas píldoras que, con el paso del tiempo y un buen nivel de abstracción, nos van introduciendo en el mundo del fracaso. Ahora bien, ¿qué puede enseñarnos el ajedrez ante nuestros fracasos en cualquier otra faceta de nuestra vida?

¿Cómo siente un murciélago? La pregunta del filósofo Thomas Nagel es una pregunta difícil de responder y hasta difícil de formular. Viene a colación porque, como punto de partida, me cuestionaría cómo piensa un Gran Maestro (categoría más alta en ajedrez) para tratar de llegar a la conclusión de cómo gestiona la derrota. Aunque no podemos sentir la experiencia de un GM, ni podemos meternos en la mente de Kasparov (probablemente el mejor jugador de la historia), ni nuestra propia individualidad nos facilita siempre las herramientas para comprender íntegramente a otro, sí que he podido observar algunos elementos nucleares:

  • El buen jugador de ajedrez se “auto-refuta”. Cuando toma una decisión en el tablero no la afirma como una buena jugada, y mucho menos como la mejor jugada sino como una jugada posible y válida, y que seguramente tenga una buena contestación por parte del rival. Desde esa posición existencial – casi filosófica – el jugador ya acepta intrínsecamente un probable error pese a estar haciendo todo lo posible por evitarlo.
  • El buen jugador es necesariamente humilde. Cuando uno habla con los mejores jugadores y les propone un problema en el tablero, rara vez contestan de forma tajante. Este respeto por la complejidad del juego también ayuda a la hora de afrontar la derrota. Por tanto, si juegas y lo haces tratando de ser humilde y aceptando a priori la dificultad del reto, será mucho menos doloroso integrar la no consecución del objetivo.
  • El buen jugador ante la derrota no se queda sólo en el fracaso. Decía Kyle Rote Jr: “No tengo dudas de que hay muchas formas de ser un ganador, pero en realidad hay sólo una forma de ser un perdedor, y esta es fracasar y no ver más allá del fracaso”. Revisa lo que ha sucedido y como dice John Maxwell “ya que te caíste al menos recoge algo”. No tiene por qué ser un ejercicio académico, quédate a solas con lo que ha pasado, ¿qué produjo el error? ¿qué puedes hacer para evitarlo en un futuro?

Un buen jugador se responsabiliza de sus errores. Espera del futuro que va a seguir fracasando pero no se siente limitado por los errores del pasado. Persevera. Entiende que tiene que aprender lecciones y que dichas lecciones se repiten hasta que se aprenden.

Por último, me gustaría finalizar con unas palabras del excampeón del mundo Gary Kasparov cuando le preguntaron por su eterno rival – Anatoly Karpov -. No olvidemos que el duelo entre Kaspárov y Kárpov, seguido en los años ochenta por millones de personas en todo el planeta, no sólo se reflejó en los tableros. Cada uno era símbolo de una manera de entender la vida y el mundo. Kárpov era el símbolo del ideal soviético: comunista, miembro del parlamento soviético y presidente del Fondo Soviético para la Paz; mientras que Kaspárov era el Hijo del cambio, que habría de transformar la sociedad soviética hasta hacerla desaparecer. Pues bien, ante dicha pregunta Kasparov contestó “gracias a él conseguí mejorar”.

1 Comentario

  1. Creo que sin el concepto de derrota ya no existiría el ajedrez. Tal vez sea la sensación amarga del momento, transformada en aprendizaje lo que nos tiene aferrados al tablero.

    La sensación de “yo puedo hacerlo mejor”, y, en muchos casos, conseguirlo creo que es el gran secreto del ajedrez. La superación de uno mismo.

    Excelentes los artículos. Un saludo

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