Inicio Actualidad Opinión Mujeres en el ajedrez: ¿estamos atravesando un cambio de paradigma?

Mujeres en el ajedrez: ¿estamos atravesando un cambio de paradigma?

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© Arman Karakhayan

El movimiento feminista está librando, sin duda, la batalla más importante por la igualdad de derechos en el siglo XXI. Y es que, históricamente, la violencia y discriminación contra las mujeres se ha ejercido a niveles muy diversos. El ajedrez, nuestro querido deporte-ciencia, no está exento de este paradigma. Y, mientras que el feminismo está empoderando a las mujeres y librando a los hombres del mandato de la masculinidad, el ajedrez es un asignatura pendiente, donde aún hay mucho trabajo que hacer en pos de alcanzar la igualdad.

Vamos a explorar un poco más el tema…

¿Cual es la situación histórica de las mujeres en el ajedrez?

Podemos repasar algunas declaraciones de los mejores jugadores de la historia, que reflejan con fidelidad el denso entramado de la misoginia instaurada en los cimientos de la sociedad moderna. «Todas las mujeres son débiles. […] no deberían jugar al ajedrez. Son como principiantes.» (Bobby Fischer, 1962, Harper’s Magazine) o «El ajedrez es una mezcla de deporte, guerra psicológica, ciencia y arte. Cuando se observan todos estos componentes, los hombres dominan.» (Garry Kasparov, 2003, The Times of London). Con estos precedentes es tristemente evidente que, hoy en día, muchos ajedrecistas continúan pensando que el ajedrez es cosa de hombres.

Es innegable que el juego de los 64 escaques ha sido, históricamente, un ámbito de férrea presencia masculina. Incluso, hoy en día sigue teniendo ese tinte de un «deporte de caballeros», lo cual es una idea completamente patriarcal. Para visibilizar este desequilibrio, podemos exponer algunos datos. Por ejemplo, sólo el 2% del total de Grandes Maestros del mundo son mujeres, al mismo tiempo que, en promedio, sólo representan el 11% de los jugadores en torneos mixtos. Sólo una mujer ha conseguido figurar entre los diez mejores jugadores del mundo, la húngara Judit Polgár, quien logró esta hazaña en enero de 1996. Actualmente sólo hay una mujer entre los cien mejores ajedrecistas. Se trata de la china Hou Yifan, que ocupa el puesto °75 en el ranking global.

Si nos vamos más atrás en el tiempo, a los orígenes del ajedrez femenino hacia finales del siglo XIX, la exclusión y discriminación hacia las ajedrecistas se acentúa. El primer Campeonato Mundial Femenino fue organizado en 1927 por la FIDE, casi 41 años después de que Wilhelm Steinitz se proclamara primer campeón mundial de ajedrez en 1886. La primera campeona femenina del mundo fue la rusa Vera Menchik, quien también fue una de las primeras mujeres en participar en competencias frente a rivales varones. Se midió con excelentes resultados frente a jugadores de la talla de Capablanca o Rubinstein. Aunque su presencia siempre fue objeto de críticas y burlas.

Otro caso emblemático es el de la ya mencionada Judit Polgár, posiblemente la mejor jugadora de la historia. Es la inspiración de muchas mujeres ajedrecistas, porque durante su carrera participo sistemáticamente en torneos mixtos, como parte de su filosofía deportiva. Uno de los puntos cúlmenes de su carrera está relacionado con Garry Kasparov, considerado por muchos el mejor jugador de ajedrez de todos los tiempos. En el año 2002, «El ogro de Bakú» subestimó a la joven Gran Maestra húngara. «Ella tiene un talento fantástico para el ajedrez pero, después de todo, es una mujer» fueron sus palabras. Contra todo pronóstico, en esa ocasión Polgár venció a Kasparov en una partida blitz, marcando un hito en el ajedrez femenino.

Judit Polgár, la mayor referente femenina en la historia del ajedrez
Judit Polgár, la mayor referente femenina en la historia del ajedrez. Foto: Herbert Pfarrhofer, APA, AFP

Realmente, ¿son peores las mujeres que los hombres en el ajedrez?

Los ajedrecistas expertos, sean hombres o mujeres, son individuos con elevada cognición, tenacidad, determinación y concentración. Las jugadoras de ajedrez profesionales, como las que componen esta serie de entrevistas, han elegido desarrollar su actividad en un ámbito muy exigente y altamente masculinizado. Como consecuencia de esta finísima selección, sería de esperar que no hubiera diferencias de género en los resultados de las partidas entre hombres y mujeres con la misma habilidad o puntuación Elo. Pero, y no es tan sorprendente, sí las hay.

Siguiendo la línea propuesta por la profesora María Cubel y su invaluable aporte a la cuestión de género en las competiciones, es posible afirmar que no hay argumentos válidos, basados en evidencia científica, que confirmen una superioridad innata o biológica de los hombres en el ajedrez.

Sí hay, por otro lado, una infrarrepresentación de jugadoras femeninas en los torneos mixtos junto a un fuerte estereotipo negativo en contra de las mujeres ajedrecistas. Otro dato inobjetable es que, en efecto, las jugadoras de ajedrez obtienen peores resultados que sus colegas masculinos; en media tienen un 15% menores de puntos Elo que los jugadores hombres. Curiosamente, esta diferencia en los resultados recuerda bastante a la brecha salarial existente entre hombres y mujeres, que en este momento es de un 18% en los países pertenecientes a la OCDE.

La investigación desarrollada por Cubel arroja otros resultados interesantes. Luego de analizar decenas de miles de partidas, se arribó a la conclusión de que las diferencias de género en los resultados se deben a la composición de género de las partidas. Es decir que cuando un o una ajedrecista compite con alguien de su mismo sexo y habilidad, su probabilidad de victoria es 50%. Pero cuando un hombre y una mujer de la misma habilidad se enfrentan, la mujer solo gana en un 46% de los casos. Resumiendo, las mujeres cometen más errores, es decir que la calidad de su juego disminuye cuando enfrentan a un rival hombre.

Estos resultados son coherentes con la teoría del stereotype threat o la «amenaza del estereotipo». Esta teoría argumenta que cuando un colectivo social sufre un estereotipo negativo, la ansiedad que se experimenta para tratar de evitarlo o el simple hecho de saber que existe, reduce las capacidades cognitivas y aumenta la probabilidad de confirmar el estereotipo. Para profundizar mejor en este y otros conceptos, recomiendo nuevamente leer el paper de María Cubel.

¿Cuáles son las perspectivas a futuro para el ajedrez femenino?

Sabrina Vega, una de las mejores ajedrecistas españolas, afirmó en una nota que «Los porcentajes se están igualando y esto favorecerá a las mujeres: cuantas más haya, más posibilidades de lograr lo máximo, pura lógica y excelente motivación, por otra parte». Su visión es sumamente alentadora, pero habrá que trabajar en ello.

Sabrina Vega, varias veces campeona de España de ajedrez

Como una opinión final, creo que debería fomentarse aún más la práctica de ajedrez en niñas y mujeres. Las ajedrecistas en formación y ascenso deberían poder contar con los mismos incentivos económicos que poseen los hombres, para así poder dedicarse de lleno al juego. Creo también que se debería alentar a las niñas a jugar torneos mixtos y así derribar miedos e inseguridades desprendidos del estereotipo negativo impuesto históricamente.

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