Compartir

AJEDREZ DESDE LA ESCUELA HASTA EL TRABAJO

Realidad de los entornos de trabajo

Hace 4 años, en el New York Times, se publicaba una entrevista no exenta de polémica: “una de las cosas que hemos aprendido tras analizar todos los datos de nuestro proceso de selección es que el expediente académico y la puntuación de los candidatos en los test son inútiles como criterio de contratación”. Esta era la contundente conclusión a la que había llegado Laszlo Bock, vicepresidente de Recursos Humanos de Google.

 “Después de dos o tres años”, aseguraba Bock, “tu habilidad para desempeñar tareas en Google no tiene ninguna relación con lo bueno que eras en la escuela, porque las habilidades que se piden en la universidad son muy diferentes”. De hecho, la proporción de trabajadores de Google sin título universitario no para de crecer. Hay equipos en los que el 14% de los miembros nunca ha ido a la universidad.

Estas afirmaciones contienen algo que ya sabíamos, y es que las habilidades que necesitamos para tener éxito en la universidad nos son las mismas que hacen falta para un entorno profesional o, por lo menos, no son solo esas. Esta aparente paradoja, es similar a lo que sucede cuando comparamos la pedagogía con la práctica, en todos los ámbitos de la vida se requieren competencias distintas para enseñar que para hacer. De hecho, es una de las cuestiones que a veces más preocupan al jugador de ajedrez que pretende progresar: ¿necesito contratar a un gran jugador? ¿Es mejor un buen profesor aunque su nivel de juego sea inferior?

En cualquier caso, antes de profundizar en la materia, quiero ser muy cuidadoso con las aseveraciones anteriores, ya que podría interpretarse que pretendo degradar el valor de la educación convencional cuando, en realidad, no se trata de eso. Se trata de tomar conciencia de que en la escuela y en la Universidad se espera algo de nosotros, algo muy concreto, y la medición de nuestro rendimiento se realiza según una expectativa prefijada. Por el contrario, Bock señalaba que en el contexto de trabajo necesitamos a gente a la que le guste averiguar cosas para las que no hay una respuesta obvia, algo que no se entrena en la universidad. En opinión de Bock, la universidad sigue siendo un entorno artificial, una burbuja que premia a unos y a otros en función de unos criterios que nada tienen que ver con lo que se pide en el entorno laboral. “La gente que tiene éxito en la universidad”, explica el responsable de RRHH de Google, “es un tipo de gente específicamente entrenada para tener éxito en ese ambiente”.

En realidad, esa necesidad de “averiguar cosas” es algo que practicamos cuando jugamos al ajedrez. Por un lado, conocemos esquemas, reglas y patrones que funcionan del mismo modo que funciona la educación académica en un contexto real de trabajo. Pero, por otro, nos enfrentamos a problemas en los que, a pesar de que dichas reglas puedan seguir funcionando, no está clara su interpretación, excepción o aplicabilidad; y por esta razón debemos desarrollar competencias nuevas para adaptarnos y poder tomar decisiones. Esta es una de las virtudes del ajedrez que, a mi juicio, es sustancial, y que, sin olvidar las sobradamente conocidas ventajas del ajedrez educativo, ni las del desarrollo competencial objeto de este artículo, puede ser pasada por alto.

Aplicabilidad del ajedrez en el aula

Conocemos las ventajas que tiene la utilización del ajedrez como herramienta pedagógica en el aula.

Los primeros en darse cuenta de la utilidad del ajedrez como herramienta educativa fueron los rusos. El ajedrez ha sido parte del plan nacional de estudios de las escuelas rusas desde hace décadas y, en paralelo, potenciaron su desarrollo desde un punto de vista deportivo hasta convertir a Rusia en la primera potencia mundial.

Después de bastantes años, el mundo occidental también mostró el debido respeto por el ajedrez y comenzaron a producirse extensas investigaciones llevadas a cabo en Europa, Canadá y los Estados Unidos acerca de los beneficios del ajedrez.

El ex ministro de Educación de los Estados Unidos Terrel Bell, afirmó en un libro publicado en 1982 que “una de las mejores y más divertidas maneras de desarrollar la inteligencia de su hijo es enseñándole a jugar al ajedrez.”

Fue entre los años 1973-1974 cuando se desarrolló la primera investigación fuera de Rusia, llevada a cabo en Zaire (República Democrática del Congo) por el Dr. Albert Frank, en ella, se impartieron clases de ajedrez a un total de 92 estudiantes entre los 16 y 18 años. Se concluyó que el ajedrez tenía una influencia positiva en general, y mejoraba: la inteligencia, la creatividad, la planificación rápida, el razonamiento, la visión espacial y la comprensión de la geometría. Y a partir de aquí lo estudios no han cesado, reconociendo al ajedrez enormes ventajas en el desarrollo cognitivo de los niños y los adolescentes.

A principios de los 80, Faneuil Adams se convirtió en presidente de la Fundación Americana de Ajedrez (ACF). Adams estaba convencido de que el ajedrez era una excelente herramienta de aprendizaje para los adolescentes, especialmente los desfavorecidos. El ACF introdujo el ajedrez en el Programa de Escuelas, centrándose en el distrito de la escuela de Harlem de Nueva York. Inicialmente, el programa se enfocaba en mejorar las habilidades de matemáticas para los adolescentes a través de la mejora de las habilidades cognitivas y resolución de problemas críticos. Los resultados fueron que: ”las pruebas mejoraron un 17,3% para los estudiantes que participaron con regularidad en las clases de ajedrez, en comparación con sólo un 4,56% de los niños que participaban en otro tipo de actividades.”

Pero fue el Dr. Stuart Margulies, un investigador de IBM, quien afirmó rotundamente, después de uno de los estudios más importantes que se han realizado, que “su estudio había demostrado que los estudiantes que aprendieron a jugar al ajedrez disfrutaron de un aumento significativo en su capacidad de lectura”. El estudio del Dr. Margulies no explica por qué existe una correlación entre jugar al ajedrez y el aumento de la comprensión lectora, pero su hipótesis es que el ajedrez potencia algunas habilidades cognitivas como la atención. Por otra parte, el ajedrez obliga a los adolescentes a visualizar conceptos y el movimiento de las piezas, y esto puede favorecer mejor la capacidad de visualización (interpretación) durante la lectura.

¿Qué hay del trabajo?

         Si los conocimientos y habilidades desarrollados durante el aprendizaje académico son útiles –pero no suficientes– para desarrollar una actividad profesional con una destreza óptima; y si el ajedrez nos ayuda a potenciarlos como ha quedado demostrado, ¿por qué no explotar la faceta de construir y reforzar competencias profesionales a través del ajedrez?

Muchas empresas tratan de encontrar la fórmula para vincular el desarrollo de habilidades con la consecución de objetivos estratégicos. Uno de los principales problemas de la formación es el coste que representa el tiempo en el que las personas no están trabajando para formarse, de ahí que algunas empresas —sino la mayoría— sean recelosas de la formación convencional. La solución, en muchas ocasiones, pasa por minimizar el tiempo dedicado a la capacitación y enfocarse específicamente a las habilidades que necesitan los profesionales o, en el peor de los casos, enfocarse a un número determinado de ellos. La gestión de estas competencias se reconoce como un proceso clave para garantizar que los planes de formación individuales y de la organización estén vinculados a los objetivos empresariales.

¿Cuáles son las competencias profesionales que desarrolla el ajedrez?

La primera de ellas y que sobresale por encima del resto, es la Inteligencia emocional.

La inteligencia emocional es la forma inteligente de gestionar la interacción que se da en la toma de decisiones entre nuestro cerebro racional, el instintivo y el emocional. Es la capacidad de utilizar la razón para gestionar adecuadamente las emociones. Una emoción no desaparece simplemente queriéndolo. Si estamos enfadados y nos tratamos de convencer mediante la voluntad, esta emoción no va a desaparecer salvo que la sustituyamos “racionalmente” por otra emoción, es decir, yo no puedo dejar de estar triste porque quiera, dejo de estar triste porque racionalmente he comprendido las ventajas de dejar de estarlo y, entonces, aparece una nueva emoción que sustituye a la anterior, que me lleva a dejar de estar triste. Si le damos tiempo, siempre acaba siendo más poderosa la razón que la emoción, pero necesita tiempo, la razón es muy lenta…

Cuando jugamos al ajedrez esto sucede en un marco muy definido: el de la propia partida. Si cuando, por ejemplo, cometemos un error nos dejamos llevar por la angustia, este estado mental condiconará las respuestas siguientes.

En una partida de ajedrez se suceden de media, entre 40 y 60 decisiones. Estas decisiones se desarrollan en contextos diferentes, fundamentalmente por el factor tiempo. En alguna ocasión, me han preguntado qué es lo que aporta el ajedrez, y mi respuesta siempre ha sido la misma: mejora diversas competencias pero, sobre todo, nos enseña a controlar nuestra impulsividad y a gestionar adecuadamente nuestras “emociones automáticas”. No puede existir un buen jugador de ajedrez que no haya desarrollado, o no disponga de la capacidad de gestionar adecuadamente sus emociones (o controlar sus impulsos). Lo que “nos pide el cuerpo” no siempre es una buena solución. Y en el ámbito laboral también es así.

               En un estudio reciente publicado en el Journal of Applied Psychology sobre la relación entre la IE y el rendimiento en el trabajo, desarrollado con un conjunto de datos globales establecidos a partir del trabajo de 2.168 adultos. Se concluyó que existía una fuerte correlación entre la IE y el rendimiento en el trabajo. Pero, más interesante que esta conclusión general, fue que se encontró que existían 6 rasgos en los profesionales que marcaban  la diferencia en el rendimiento. Estos 6 rasgos explicaban el 62% de la variación en la percepción subjetiva de la IE por parte de los supervisores. Eran los siguientes:

Estos son los 6 rasgos que hacen que una persona emocionalmente inteligente:
  1. Estabilidad emocional.Los individuos emocionalmente estables son más capaces de gestionar sus propias emociones y tienen una mayor tolerancia al estrés, esto les ayuda a mantener la cabeza fría en situaciones de tensión y a gestionar conflictos sin generar toxicidad en su entorno. La estabilidad emocional es el predictor más importante de la IE, que por sí solo representa el 29,5% del total.
  2. Los individuos con alto grado de conciencia tienen un buen control de sus impulsos y se esfuerzan en lograr sus objetivos. Son conscientes de sus deberes y buscan la excelencia, y esto se extiende también a situaciones sociales ya que ejercen un esfuerzo adicional en la adhesión a las normas relacionadas con las emociones, lo que significa que desarrollan competencias emocionales superiores.
  3. Capacidad de IE. Este concepto se refiere a la capacidad del individuo para llevar a cabo conductas relacionadas con las emociones, tales como expresar emociones, empatía y razonar usando emociones.
  4. Habilidad cognitiva.Aunque muchas teorías de la IE dicen que es totalmente independiente de la capacidad cognitiva general (por ejemplo CI), los resultados sugieren que hay algún cruce – porque la capacidad cognitiva afecta a nuestra capacidad para resolver problemas y adaptarse a nuestro medio ambiente, que a su vez aumenta la IE y el rendimiento.
  5. Autoeficacia general.Todos tenemos un cierto nivel de confianza en nuestra capacidad de hacer frente a las exigencias de nuestro trabajo. Y en general, todos queremos que se comporten con nosotros de una manera que es consistente con la visión de nosotros mismos. Así que las personas con alta autoeficacia son más propensos a desarrollar las habilidades sociales necesarias para mantener esta auto-imagen positiva, mientras que los que creen menos en sí mismos pueden rehuir de las relaciones sociales, ya que hacerlo es coherente con su propia visión.
  6. Autopercepción del rendimiento en el trabajo. Varias de las preguntas que se utilizan para medir la IE también parecen señalar el valor de la percepción que tenemos de nuestros propios niveles de rendimiento (por ejemplo, “trabajo bien en equipo”). No es de extrañar que, por tanto, la IE esté relacionada con el rendimiento real del trabajo.

    Ya conocemos, por un lado, los beneficios del ajedrez en un contexto educativo, es decir, cómo el ajedrez ayuda a la compresión de las matemáticas, la capacidad lectora etc… Y, por otro, las ventajas que nos proporciona de cara a nuestra inteligencia emocional y el peso que tiene en nuestro desempeño profesional.

    Pero todavía vamos a dar una vuelta de tuerca adicional. Se trata de la implementación consciente de dinámicas que utilicen el ajedrez para mejorar específicamente competencias profesionales y humanas. ¿Es posible no solo utilizar el ajedrez como herramienta, sino también como modelo de aprendizaje para aprender a gestionar el tiempo, a planificar, a tomar decisiones o resolver problemas? ¿Podemos utilizar el ajedrez para construir personas con un espíritu crítico y con altos niveles de autoconocimiento?

El sistema actual

Uno de los déficits generalizados que, a mi juicio existen, en el ámbito profesional es la incapacidad de que personas adultas tomen conciencia de que son capaces de influir en su entorno a través de sus propias decisiones; y de que pueden hacerlo en muy diversos grados, no en términos dicotómicos, es decir, actuar o no actuar. Además, junto al problema anterior, las organizaciones no son capaces de aprovechar el máximo potencial de los individuos, y la gestión del talento se topa cada día con estadísticas alarmantes. A este respecto, algunos especialistas estiman que en las Compañías tan solo un 15% de la plantilla entra dentro del grupo de personas cuya actividad y desempeño son realmente muy valiosos. ¿Qué persona en su actual puesto de trabajo desarrolla su actividad al límite de su creatividad y de su realización personal? Prácticamente ninguna. ¿Pasa lo mismo en una partida de ajedrez?

Si a esto le añadimos que, probablemente, nos encontremos en un momento histórico en el que mayor desequilibrio existe entre lo que ha avanzado la técnica y lo que lo ha hecho la gestión del trabajo de las personas (gestión de equipos, liderazgo, gestión del conflicto, organización del trabajo,…) el panorama no es muy esperanzador.

Claudio Naranjo

Y es que, desde el punto de vista académico, también nos encontramos con aristas. Claudio Naranjo, un reputado especialista en educación que ha impartido conferencias por todas las universidades del mundo. Reconocido psiquiatra y escritor chileno. Uno de los pioneros y máximos referentes de la psicología transpersonal afirma, en una opinión que comparto, que: “la escuela se usa para domesticar, y sólo produce personas egoístas, niños que no son capaces de ser felices”. No está de acuerdo con el sistema de exámenes y deberes, y señala que el aprendizaje debe partir de la curiosidad natural de los niños, de su deseo de aprender. El método de repetir una y otra vez sólo sirve, según Naranjo, para reducir el deseo natural de aprender y matar la curiosidad. Los colegios “deben transmitir conocimientos y estimular el desarrollo de habilidades, pero sin descuidar la individualidad de cada alumno, sus aptitudes y deseos”. “Si vivimos desconectados de nosotros mismos, siempre buscaremos llenar un vacío interior en el exterior”.

Conclusiones

El ajedrez, además de ayudarnos por sí mismo en el aprendizaje de asignaturas oficiales o de fomentar un entorno lúdico y pedagógico óptimo para ellas, nos ayuda a asumir las consecuencias de nuestros actos, a movilizarnos para progresar, a desarrollar un espíritu crítico (imprescindible en entornos de alto rendimiento), a dimensionar el valor del material respecto del tiempo, a comprender cómo una ventaja es producto de un proceso y a desarrollar decenas de competencias básicas para el desarrollo profesional y personal. Pero es necesario incidir deliberadamente en estos beneficios con dinámicas concretas, que no se centren tanto en la parte de técnica ajedrecística ni en la pedagógica formal, como en la de las competencias que correlacionan con un buen desempeño profesional y con la realización individual.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here