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niños jugando al ajedrez

Voy a tratar un tema no exento de cierta polémica, sobre el cuál haré una interrelación con un aspecto pedagógico del ajedrez que no siempre tenemos en cuenta y que, desde mi punto de vista, probablemente sea una de las claves más importantes para la divulgación del ajedrez. Para ello, empezaré exponiendo de qué hablamos cuando nos referimos a la destrucción de la infancia o la pérdida de la inocencia y, por último, expondré mi tesis acerca de la importancia que tiene el ajedrez para contrarrestar los efectos tan perjudiciales de este fenómeno.

Historia de la infancia

La destrucción de la infancia es un fenómeno que todos estamos experimentando de forma más o menos directa, en un mundo cada día más globalizado, que hace referencia a cómo de manera simultánea en el mundo industrializado se está produciendo una infravaloración de la inocencia, la emotividad y la imaginación de los niños.

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Durante muchos años, hasta después de la Edad Media, los niños eran simplemente “personas pequeñas”, mini-adultos que carecían de  cualidades especiales para gozar de una especial protección. Con la entrada de la imprenta en el siglo XVII y la mayor facilidad de acceso a la cultura comienza a aparecer el concepto de niñez: empezamos a ver ropas para niños, cuentos para niños,… Y es cuando se van sentando progresivamente las bases de protección (no necesariamente en sentido jurídico) de los más pequeños.

Este fenómeno también lo observamos indirectamente en la literatura. Para los autores de finales del siglo XIX, la infancia estaba empapada de la ingenuidad de la imaginación y la fantasía, cualidades que hacían de la niñez algo tan increíble. Era un momento en que los niños podían volar fuera de las ventanas y hacer batallas de piratas, y todavía volver a casa para compartir un tiempo con una madre que les quería. Los autores de hoy en día, por lo general, cuentan una historia muy diferente de niños que se hacen mayores antes de tiempo, que ven su juventud no como un tiempo de exploración posible, sino como un obstáculo en su camino hacia la libertad como adultos. Esta comparativa, nos ofrece palpablemente como se está constriñendo una etapa que nunca más volverá a ser de asombro, de la exploración libre de culpa,…

La sociedad moderna comprime la infancia

child-labor3Hoy  en día nuestra sociedad está comprimiendo la infancia cada vez más para que los niños no sean niños durante mucho tiempo. Los niños se encuentran bajo una tremenda presión para madurar y para crecer cuando no han tenido la oportunidad de desarrollar la madurez emocional suficiente. Lo aparentemente desconcertante, es que esta tendencia no sólo se está produciendo en Estados Unidos o en países europeos, sino que ya se observa en todo el mundo industrializado: Canadá, Australia, Japón y Gran Bretaña. Aunque el fenómeno parece que obedece a múltiples causas, una de ellas y que aglutina todas las demás, es sin duda y a mi juicio, las contradicciones del sistema económico de mercado fundamentado exclusivamente en el lucro ante el cual se sacrifica todo sin sentido moral ni ético. El sistema precisa, en su voracidad, de más recursos naturales y humanos, así como de un mayor número de consumidores que sean capaces de ser abastecidos, con necesidad o sin ella, de los resultados de la producción. Niños que son adultos antes son consumidores también antes.

Madres que no pueden ejercer de madres

Como consecuencia, las madres se han incorporado paulatinamente al mercado de trabajo aportando al hogar familiar una cuantía económica necesaria ya que pocos son los hogares que, hoy en día, son capaces de subsistir con un único sueldo.  Por ello, el número de “niños cuyas madres trabajan” (niños que van a casa después de la escuela a una casa vacía) se ha incrementado considerablemente. Hace una generación, casi todos los niños pasaban sus horas después de la escuela bajo la atenta mirada de los padres, familiares o vecinos. En Estados Unidos de acuerdo con un informe del año 2003 de Child Trends, una organización sin fines de lucro con sede en Washington, DC, el 15 por ciento de los niños de 6 a 12 años en los Estados Unidos (3,3 millones de niños) están en “autocuidado”, lo que significa que o bien tienen que cuidar de sí mismos o tienen que quedarse a solas con hermanos menores de 12 años que se encargan de cuidarles hasta que sus padres vuelven del trabajo. Y si analizamos los datos de los chavales de 13 y 14 años esa cifra casi se duplica a más de seis millones.

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Las circunstancias obligan a los niños cuyas madres trabajan a actuar como si fueran más mayores de lo que son. Al no  tener la supervisión de los padres y el apoyo que necesitan, no pueden actuar como niños.

El mundo competitivo de los adultos ha invadido la infancia. 

La caja tonta. Más tonta que nunca.

Al efecto de la “familia frenética” y de la ausencia de los padres en casa, debemos añadir el bombardeo sistemático de noticias y publicidad que no es inocua para los niños. Tanto los dibujos animados, las series infantiles y absolutamente todo lo que se emite por televisión, son productos acabados generados por especialistas que han pensado previamente en la comercialización y en criterios de rentabilidad durante su construcción. Esto significa que los niños, por definición, están expuestos, no sólo a noticias difíciles de comprender sino a un contenido que tiene unos objetivos prefijados.

caja-tonta-1-280x300Asimismo, existen otros elementos que están conduciendo a la destrucción de la niñez como el hecho de que el mundo competitivo de los adultos haya invadido la infancia. Esto podemos verlo en las excesivas actividades de los niños. Hay un énfasis mucho mayor hoy en los deportes y el logro académico que en el pasado. Muchos padres se preocupan  porque si no inscriben a sus hijos en una gran cantidad de actividades extracurriculares, sus hijos van a estar “perdiendo el tiempo” o quedándose atrás. A veces, los padres involucran a sus hijos en tantas actividades fuera que realmente tienen muy poco tiempo sólo para jugar, divertirse y ser niños. Incluso en torneos de ajedrez, un marco aparentemente pacífico, se observa a padres ansiosos (que paradójicamente no saben nada de ajedrez) por los resultados de sus hijos.

¿Encontrará trabajo?

A este respecto, con el ánimo de tranquilizar a padres como estos y como especialista en el ámbito de los recursos humanos y la selección de personal, puedo afirmar que en un entorno puramente laboral (obviando los efectos psicológicos y sociales de un estilo de vida competitivo), todo este tipo de actividades o méritos de la niñez tiene un impacto directo muy residual en el talento futuro. Cada día existen más modelos de éxito (entendiendo por éxito el adoptado convencionalmente) y más oportunidades para alcanzarlo que nunca. Y todos los sedimentos emocionales que depositamos en los niños, consciente o inconscientemente, tendrán un peso futuro exponencialmente mayor que el mero y clásico conocimiento de materias. Auguro que muchos de los métodos de aprendizaje basados en la repetición, la memoria o la ausencia de proyectos prácticos y posibilidades de interrelacionar materias, acabarán desapareciendo, para dar paso a individuos con capacidad para resolver problemas reales en un mundo en el que el conocimiento ya no estará al alcance de unos pocos.

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Llegando al final de este artículo es cuando quiero reivindicar el peso del ajedrez para salvar a nuestros hijos de los efectos del contexto anterior. Son de sobra conocidas las cualidades del ajedrez desde un punto de vista intelectivo y cognitivo, pero es que además, el ajedrez es uno de los juegos que sigue sin desaparecer y ha conseguido sobrevivir durante miles de años a la cultura dominante. Se estima que en los últimos años han desaparecido en el mundo en torno a doscientos juegos infantiles (quién no se acuerda de la peonza, las canicas, las chapas etc… y muchos otros juegos que no conozco de otros países). Juegos que han ido siendo sustituidos por consolas, tablets y juegos digitales que siguen siendo productos constructores de ideales, ideologías, modelos y cultura.

El ajedrez es una herramienta poderosa que no corrige los defectos del sistema pero que ayuda a que los niños crezcan jugando e interactuando con otros en un contexto de igualdad. El ajedrez no genera las consecuencias dañinas de la televisión y es inocuo como producto. Ofrece a los niños la oportunidad de aprender acerca de sí mismos, de crear e innovar, y de hacer juicios independientes. También aprenden el respeto mutuo y la forma de trabajar con los demás.

Además, el juego da a los niños una sensación de disfrute a la que pueden recurrir más tarde en la vida. Cuando son adultos estresados (¡ojalá que no!), que pueden recordar los tiempos felices, de despreocupación cuando eran niños.

6 Comentarios

  1. Tu artículo me parece de lo mejor y quiero hacer mención que todo el Ajedrez no tiene valor si no se cumple el último párrafo de tu blog

    Además, el juego da a los niños una sensación de disfrute a la que pueden recurrir más tarde en la vida. Cuando son adultos estresados (¡ojalá que no!), que pueden recordar los tiempos felices, de despreocupación cuando eran niños.

    Cuando el ajedrez deja de serles divertido y solo están cumpliendo las expectativas de sus padres esperando su aprobación éste deja de ser lo que debe ser “Un Juego”, el mejor pero un juego.

  2. Una lección auténtica de pedagogía infantil. Estoy de acuerdo en gran parte de lo que dices Dani. Tu blog se enriquece bastante con artículos como éste.

    Gracias.

  3. Gran artículo Daniel, es importante que el niño aprenda a gestionar sus emociones, que aprenda a decidir, respetar, seguir reglas etc. pero sobre todo que disfrute haciéndolo y que mejor que el ajedrez para eso.

    un saludo

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