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Estrategias de ajedrez para enfrentarse al coronavirus

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Imagen bostonglobe.com

La actual situación de pánico social por el coronavirus recuerda, en ajedrez, a esas posiciones en las que un jugador se enfrenta a un riesgo y no tiene claro como actuar, pero además adolece de cierta experiencia que le impide gestionar adecuadamente sus emociones, y superar o capear la situación.

Hace escasamente unos meses, tras el cierre de colegios, eventos, clausura de actos sociales y fomento del teletrabajo para evitar el contacto entre personas, se desató una situación de histeria colectiva: compras compulsivas, desabastecimiento de algunos productos, uso de medidas profilácticas ineficaces (que rozaban lo absurdo en ocasiones), y una suerte de construcción de un día de mañana apocalíptico que incluso podía perjudicar la solución del problema.

A día de hoy, la cosa no es mucho mejor. La ciudad en la que vivo, Madrid, está en boca de todos los especialistas de salud pública porque resulta difícil explicar el tamaño de la piedra contra la que nos volvemos a topar por segunda vez.

Sin tratar de aportar ninguna solución médica, puesto que ni es mi oficio ni mi competencia, sí que creo que existen ciertos paralelismos entre los problemas que tratamos de resolver en ajedrez y la actual situación. Por esta razón, me he propuesto escribir este artículo con reflexiones y estrategias que pueda aportar algo de luz desde la perspectiva del ajedrez para entender lo que está pasando.

Reflexiones y estrategias para enfrentarse al coronavirus

Diagnosticar antes de prescribir

Las cifras bailan, cambian cada día, son imprecisas y están segregadas entre comunidades autónomas. Hoy se publicaba en eldiario.es que las muertes de cifras semanales que publica Sanidad representan poco más de la mitad de las reales.

Por si esto fuera poco, también sabemos que las camas ocupadas en UCI se contabilizan de manera irregular, introduciendo en el cálculo camas que usualmente no están destinadas a cuidados intensivos, de modo que, si aceptamos el dato oficial, nos encontramos con una ocupación del 30% de camas, o de más de un 90% si valoramos la realidad tal y como afirman muchos especialistas como César Carballo.

Con este contexto, es imposible prescribir. Si no nos ponemos de acuerdo para identificar el problema, mucho menos para encontrar la solución.

Cualquier sistema tiene un punto de colapso

En cualquier partida de ajedrez, partimos de la igualdad, de la normalidad. Lo que podría ser una vida sin coronavirus ni presión sobre el sistema, sin embargo, se producen errores y la partida se va decantando hacia un bando u otro. Se llama ganar o perder, depende de nuestros conocimientos, experiencia y habilidades.

Pero cualquier partida, como un sistema, también tiene un punto de colapso, en el que no es posible volver atrás y lo que sucede es irreversible. También le pasó al Titanic. Podemos recordar históricamente como se involucran factores causales como el cambio ambiental, el agotamiento de recursos, la complejidad insostenible, el deterioro de la cohesión social, el aumento de la desigualdad, entre otros… Todo puede romperse.

Las personas funcionan mejor sobre un mal patrón que sobre una buena incertidumbre

Sabemos que el juego más preciso en ajedrez se desarrolla con un tipo de «pensamiento» que ya no es humano. Las máquinas, a través de sus redes neuronales, aplican una lógica nueva que destroza cualquier pensamiento humano en una partida de ajedrez. Sin embargo, está lleno de incertidumbres para una persona y de decisiones que son poco prácticas.

El reconocimiento de patrones es una habilidad de cómo las personas identifican los objetos en su entorno, que es lo que hacemos todo el tiempo en nuestra vida diaria. Por lo que no es únicamente algo vinculado al ajedrez, se trata de nuestra psicología como personas.

Las personas no deciden de manera objetiva

Por ejemplo, puedes reconocer a tus maestros, amigos y también qué «objetos» puedes comer o no. Todo en el mundo tiene su propio patrón. Nuestra superioridad sobre las computadoras como reconocedores de patrones tiene la ventaja práctica de que el reconocimiento de patrones puede servir, por ejemplo, para saber si una persona o un ordenador está tratando de obtener acceso a Internet. Los famosos caracteres captcha que nos piden cuando intentamos registrarnos en alguna web.

David Antón, actual Campeón de España- Fotografía: Patricia Claros/FEDA.

Pero este reconocimiento de patrones no es solo intelectual, también es social y biológico. Las personas funcionan mejor, en su conjunto, bajo un liderazgo definido que fomente y motive relaciones empáticas y las conduzca en una dirección. El efecto bandwagon, también conocido como el efecto de arrastre, «efecto de la moda», de «subirse al carro» o «efecto banda-carroza» y relacionado cercanamente al oportunismo, es la observación de que a menudo las personas hacen y creen ciertas cosas fundándose en el hecho de que muchas otras personas hacen y creen en esas mismas cosas.

Esto puede propiciar un comportamiento absurdo, como demostró Solomon Asch en 1951 en un experimento sobre la conducta humana que aún hoy sigue provocando fascinación. el individuo toma decisiones o lleva a cabo conductas evitando destacar o sobresalir por encima de los demás, es decir, sobre el entorno social que le rodea. Sin embargo, bajo un liderazgo efectivo, los resultados también pueden ser muy positivos.

Si pierdes el control de tus emociones pierdes la capacidad de decidir

En una partida de ajedrez se suceden de media, entre 40 y 60 decisiones. Estas decisiones se desarrollan en contextos diferentes, fundamentalmente por el factor tiempo. En alguna ocasión me han preguntado qué es lo que aporta el ajedrez, y mi respuesta siempre ha sido la misma: aporta muchas cosas, mejora diversas competencias pero sobre todo nos enseña a controlar nuestra impulsividad y a gestionar adecuadamente nuestras “emociones automáticas”. No puede existir un buen jugador de ajedrez que no haya desarrollado, o no disponga de la capacidad de controlarse emocionalmente. Lo que “nos pide el cuerpo” no siempre es una buena solución.

A través de la repetición y la práctica, se asientan en los jugadores (ya sean niños que aprenden o jugadores de mayor nivel), los hábitos que potencian el trabajo del cerebro racional. El cerebro emocional hace continuamente sugerencias al cerebro racional: propone sensaciones, impresiones, intuiciones, todo ello es muy vago y cuenta con poca profundidad. Si el cerebro racional no “domina” las decisiones que se producen en el tablero solemos encontrarnos ante decisiones de baja calidad. Esto sucede, por ejemplo, en personas que juegan de manera impulsiva o en los apuros de tiempo. Cuando no queda tiempo el cerebro racional no puede “conectarse” y el jugador debe optar por jugar casi en exclusividad basado en sensaciones que duran 1 segundo. El país perfecto para los errores.

¿Se están tomando actualmente decisiones racionales frente a la lucha contra el coronavirus? Difícil poder afirmarlo si partimos de cómo se toman las decisiones: sin diagnóstico, sin anticipación, sin valorar las opiniones de los expertos que insisten en la transmisión por vía aérea, etcc. De hecho, en Nueva York, una de las ciudades que ha conseguido hacer frente con mayor eficacia a la pandemia, se apostó rápidamente por anular los espacios cerrados y fomentar el desarrollo de la actividad social al aire libre (ejemplo, las terrazas de los restaurantes).

Es mejor tener un mal plan que no tener ninguno

Esto se ha repetido en el mundo de ajedrez hasta la saciedad.

Con un mal plan, dispones de mecanismos para un ciclo de retroalimentación, experimentación y revisión. Aprendes de tus errores. Sin un plan, podrías estar yendo por un camino hacia ninguna parte. Podrías estar haciendo lo mismo una y otra vez.

También disponer de un plan obliga a pensar, razonar más sobre el problema y hacer preguntas en lugar de aventurarse a ciegas.

Son muchas las compañías que han aplicado y entendido este concepto y que viven tiempos de éxito como Tesla. Elon Musk, afirmaba a los inversores reunidos en el Museo de Historia de la Computación en Mountain View que la base de Tesla se basó en dos premisas completamente falsas que, en retrospectiva, «resultaron ser espectacularmente tontas ”,  “lo que realmente importa es reconocer los errores y adaptarse rápidamente y arreglar las falsas premisas sobre las que se fundó la empresa.» Esto está muy relacionado con el siguiente punto.

La falta de humildad mata

Pensar en uno mismo es legítimo, y todos tenemos un ego. Pero el egoísmo siempre rodea todos los errores basados en la falta de objetividad. En una partida de ajedrez: no pensar en las ideas del oponente con el mismo detenimiento que en las propias, pensar en lo magnífico que es su juego durante la partida.

La falta de humildad evita la autocrítica, el progreso, la mejora continua. En estos momentos, son muchos los padres que escriben a sus colegios pidiendo, e incluso rogando, la instalación de filtros HEPA para la contención del coronavirus en espacios cerrados, incluso asumiendo el coste. Sin embargo, se encuentran una y otra vez contra una muralla burocrática incomprensible.

Procura que tus soluciones no sean peores que los problemas

Una mala jugada puede acabar con una posición que era negativa pero permitía sobrevivir.  En muchas ocasiones, en una partida de ajedrez, tenemos que elegir entre «susto o muerte», lo importante, por supuesto, es elegir susto. Sin embargo, esto no será demasiado factible si no somos conscientes de que esa es nuestra situación de partida, sin sobrevalorar nuestras posibilidades.

¿Sabes por qué no superas

tu nivel de ajedrez?

Nosotros sí

1 COMENTARIO

  1. Excepcional artículo. Claro y conciso. No se puede pedir más. Así deberían decidir nuestros nefastos políticos. Ni uno merece nuestra consideración innata de ponernos en su lugar. Siempre estarán en tablas mientras deseen tener razón. Mientras tanto los bobos seguimos expectantes ante qué volveremos a votar. Plebe de ilusos! Y es que en ajedrez NO SE NEGOCIA.

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